La pandemia por COVID19 dejó en evidencia la precarización del sector de la salud. ¿Una cuestión que ningún gobierno quiere resolver?

Si bien nuestro país partió hace décadas con un sistema de salud pública como política de Estado, hoy debemos asumir que de eso nada quedó como estructura ni siquiera en el imaginario de los gobiernos actuales. Como Sindicato de Médicos manifestamos, luego de la reunión llevada a cabo entre las diferentes Seccionales del país, que salvo el folclore propio de los diferentes territorios provinciales la realidad sanitaria en lo referido a nuestras formas de trabajo son tan similares que parecen pre acordadas.

Las provincias y sus municipios utilizan las mismas formas de precarización laboral, poseen similares modelos fragmentados de salud y los trabajadores de la profesión médica padecen la condena del multiempleo como forma de subsistencia. Todo este escenario se da en el marco de la “economía informal”, tal como lo definen los organismos internacionales que recomiendan en el mundo laboral (OIT) a los cuales la República Argentina adhiere. Como si fuera poco lo expresado, estamos en medio de una pandemia que nos afecta directamente por el contagio horizontal y a la fecha ya ha provocado el deceso de numerosos colegas. Es verdad hemos hecho un juramento y por eso enfrentamos la adversidad asumiendo el riesgo desde siempre, porque nuestra profesión nos expone permanentemente, pero ¿dónde está el juramento que hacen los políticos y funcionarios al asumir?

El doble discurso instrumentado durante décadas por los sucesivos gobiernos nunca respetó ni propuso blanquear lo que la rica Legislación Laboral Argentina establece y propone para los trabajadores por oficio o profesión. El “trabajo no registrado”, esa forma de humillación a la cual los médicos fuimos y somos sometidos, está presente hasta la actualidad, en mayor o menor grado en los diferentes subsectores del sector de la salud pública estatal nacional, provincial y con una mayor expresión en los estados municipales, como clonados por la genética de los maliciosos que se aprovechan de las debilidades ajenas. Ni hablar de lo que ocurre en el mundo del empleo privado de las clínicas y sanatorios donde las cámaras se niegan a firmar los Convenios Colectivos correspondientes, siempre en connivencia con los poderes políticos de turno y donde se hace difícil diferenciar quién trabaja para quién. La seguridad social está en la misma sintonía y allí los patrones son las obras sociales estatales y otros gremios que en sus establecimientos propios marcan una verdadera controversia, ya que deberían levantar la mano para ser los pioneros en devolverles la dignidad a los médicos como trabajadores. Por último las prepagas, esas entidades comerciales a quienes solo el lucro de sus empresas les interesa y dominan una parte de la escena sanitaria, siempre aliadas al poder y allí el derecho a la salud lo pagan sus afiliados con plata, por propia voluntad o forzados por el deterioro de los otros susbsectores. Aquí los colegas médicos son retribuidos por su labor con las  monedas que les sobran por medio de decisiones de tipo leonino.

Actualmente estos actores (anti)sociales, que ofician de empleadores al margen de la Ley, ya están diseñando cómo introducir junto a la telemedicina una forma virtual de trabajo, la teleconsulta. Es una barbarie incomprensible desde lo humano que la interpretación del dolor de una persona sufriente se realice mediante las TICS (Tecnologías de la Información y Comunicación), que no dejan de ser importantes en las estructuras del trabajo actual, pero no es apta para interpretar el dolor, diagnosticar, indicar un tratamiento.

Injusticia social es la definición de esta escena

Lo doloroso es que estas cuestiones ya son tratadas en las cámaras de los representantes del Pueblo, con media sanción en una de ellas y auspiciadas por estas patronales antes mencionadas en connivencia o a la vista de las máximas autoridades sanitarias de la nación, y sin consultar al sector del trabajo. Claro queda que su único objeto sigue siendo el lucro, las ganancias y que la salud de un pueblo como derecho y la dignidad de quienes trabajan no entra dentro de sus variables morales.

Por otra parte, en plena pandemia tuvimos la esperanza de lograr al fin el reconocimiento monetario en nuestras remuneraciones, porque fueron una promesa pero hasta ahora incumplida. Hubo recursos para aumentar las estructuras y el equipamiento, cuestión razonable,  pero a los patrones de todos los sectores mencionados nada les interesa nuestro trabajo y los riesgos que de este se desprenden. Doble discurso solo no cierra, habrá que calificar todo esto con una doble moral que la impunidad a todos ellos los encuadra.

Estas son las cuestiones que hoy nos unen con un denominador común a las Seccionales de Nuestro Sindicato de Médicos AMRA, todos somos testigos y podemos mencionar las falsas promesas recibidas en los aspectos de recomposición del valor de nuestros salarios. Existe, además, una deuda histórica pendiente para compensar nuestro saber y responsabilidad en el trabajo y que surge de muchas décadas de estudio y formación continua.

los salarios de los médicos ingresantes rozan los valores de la canasta alimentaria, es decir, a un escalón de los considerados como de la pobreza

Ningún gobierno desde hace seis décadas tomó a la Salud Pública en serio, dejó que el derecho a la salud, ese Derecho Humano Esencial se autoregule en un modelo fragmentado, diferenciando a las personas por clases y por sus recursos económicos de pago. Injusticia social es la definición de esta escena, una suma de subsectores diseñada para ofrecer salarios a la baja desde hace décadas y condiciones de trabajo que ponen en riesgo a los trabajadores del sector y secundariamente a la población que acude para solucionar sus problemas de la enfermedad.

Debemos expresar también que nuestro actual pluriempleo nos somete al trabajo no registrado, violando los pilares del derecho laboral argentino y es por esto que le manifestamos una vez más a las máximas autoridades sanitarias del país que buscamos, por la salud de la población y la nuestra propia, un salario digno que nos permita desarrollar nuestra actividad laboral en un solo lugar y contar con los beneficios sociales que nos corresponden.

El Estado Argentino debe ser el garante de favorecer este cambio, que es necesario para que el sector deje de ser una estructura que malgasta los recursos de la sociedad, integrando de alguna manera este modelo fragmentado para que esté al servicio de nuestro Pueblo.

Por todo ello decimos basta de argucias y de manejar discursivamente la cuestión con las deudas heredadas y las economías fiscales en banca rota que no permiten dar lo que nos corresponde. Durante seis décadas lo escuchamos, no sean de ahora en más los responsables del daño producido. Actualmente no ofrecen en todo el territorio  ni siquiera lo que la inflación deterioró en este período  de nuestro bolsillo, ese poder de compra para los gastos de la vida de los trabajadores médicos y sus familias. Cabe también mencionar y como recordatorio que en la mayoría de los territorios provinciales los salarios de los médicos ingresantes rozan los valores de la canasta alimentaria, es decir, a un escalón de los considerados como de la pobreza

Donde haya un médico seguiremos luchando para dignificar nuestros derechos laborales. Es momento de que todos los empleadores nos escuchen: calidad de oferta para la salud hay una sola, la única, la mejor que se le debe dar a todas las personas por igual.

 SECRETARÍA DE PRENSA Y DIFUSIÓN
Sindicato Médico AMRA

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