Siendo una de las profesiones que requiere tantos años de estudios y perfeccionamiento, de por vida, ¿cómo puede ser que seamos tan ignorantes de creer que nos salvamos solos, nos dividamos formando centenares de asociaciones jurídicas, fragmentando aún más el sistema, pero a su vez no creyendo en las instituciones formadas y siempre esperando que alguien resuelva nuestros reclamos, sin comprometernos?

No podemos echarle la culpa a nadie porque creo que dejamos de ser dignos como personas. Cuando obtuvimos la matrícula para poder ejercer como médicos realizando guardias de 24 y 48 horas continuas sin descansar y continuando el trabajo en otro lugar (el famoso pluriempleo) para lograr una canasta profesional acorde. Perdimos nuestra dignidad al dormir en habitaciones con colchones rotos, sin almohadas, ni sábanas, hacinados, realizando una subespecialidad que nos lleva por estatuto a cumplir 96 horas semanales en el primer año, alimentándonos muy mal con comidas de muy mala calidad, sin descanso para desayunar, almorzar, merendar y cenar y sin una estabilidad laboral.

Sueldos paupérrimos que nos sirven para comprar pocos libros para estudiar, mientras las obras sociales, las grandes clínicas y los sanatorios son subsidiados por el estado y ganan fortunas, nosotros ganamos miserias agachando la cabeza, saliendo de un trabajo, corriendo para llegar a otro y nunca haciendo un reclamo para no quedar mal, a ver si empleador “se enoja”. Los médicos tenemos el carácter para tomar decisiones inmediatamente. Podemos tomarlas por enfermedad pero no podemos tomarlas frente al empleador para reclamar nuestros derechos laborales.

Hoy nos llaman héroes los noticieros y seguimos bancando una salud en decadencia, sin mejoría de sueldos, poniendo plata de nuestro bolsillo para no infectarnos, para comer y vestirnos, entre otras cosas. Un estado ausente que no nos valora y nos acusa de su propia falencia, con juicios de mala praxis multimillonarios, que no actúa cuando somos agredidos física y verbalmente. Nosotros no somos subsidiados, pero sí las obras sociales que siguen facturando y las financiadoras se llenan de plata con nuestro trabajo.

Mientras nosotros nos peleamos para romper las instituciones, otros se juntan utilizando nuestra debilidad para seguir manteniéndonos esclavos y haciéndonos más dependientes a estos grupos.

Hoy es el momento ideal para recuperar nuestra dignidad como personas y profesionales. Hoy es el momento realmente de pertenecer a un SINDICATO y formar una federación sindical que pueda pelear por las condiciones de trabajo. Para poder cambiar nuestro futuro, el de nuestras familias y nuestra Nación.

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