Caro Scaccia cumple varios roles en su vida. Es la Secretaria de Acción Social de la Seccional Oeste de nuestro Sindicato Médico AMRA, es deportista y judoca, es médica pero sobre todo, es un ejemplo de vida que decidió darle batalla a la pelea más importante que tuvo. Y la va ganando a fuerza de sacrificio.

Caro tiene 43 años y hace un año le detectaron un cáncer. La peleó y pudo enfrentar ese momento hasta que por fin fue operada. Luego vendrían las sesiones de quimioterapia. Caro nunca se rindió. Siguió practicando judo e incluso pudo representar al país en una competencia internacional en la que fue abanderada. Hace pocos días, nuestra colega dio una entrevista al portal “Gloriosas Guerreras” en el que contó sobre su pasión por el deporte, el mal momento que debió atravesar y sus planes a futuro en cuanto a la relación con ese deporte que tanto ama.

¿De dónde sos, cómo se compone tu familia, cuál es tu profesión y cuál es tu edad?

Mi nombre es Carolina Ana Scaccia, tengo 43 años y soy profesora y licenciada en Educación Física. A los 30 años comencé a estudiar medicina y me recibí a los 37. Allí realicé los postgrados de medicina integrativa, deportología (ya recibida) y nutrición rindiendo los últimos finales. Actualmente estoy realizando el postgrado de traumatología del deporte. Mi familia se compone de mi mamá y mi hermano que viven en Córdoba. Mi papá falleció el año pasado de una leucemia.

¿Cuándo empezaste con el deporte y cuáles realizaste?

Comencé con el deporte a los 4 años con danzas pero no me gustó. En el salón de al lado mi hermano hacía judo y me enamoré de ese deporte. Un año después estaba realizando la actividad. Pasé por todos y cada uno de los deporte. Bastaba con decirle a mis viejos ‘quiero hacer…’ y allí estaba. Pasé por tenis, patín, natación y judo durante mi infancia. Judo y natación los principales llegando a ser tercera en el Metropolitano de judo a los 8 años. A los 17 empecé el profesorado de educación física y conocí todos los deportes pero continué nadando (realicé el curso de guardavidas) y pegué el giro hacia el gimnasio realizando cursos de musculación y levantamiento olímpico entre otros. Actualmente realizo judo y lo complemento con musculación y natación.

¿Cómo llegaste al judo y cómo fuiste evolucionando?

Comencé judo a los 5 años. A los 4 años mis viejos me anotaron en danzas y a mi hermano en judo. En danzas duré exactamente dos clases. Cuando veía a mi hermano jugar en el tatami, tirarse al piso y luchar, quise pasarme al judo y al año siguiente ya estaba anotada. Practiqué judo hasta los 13 años llegando a 3er. Kyu. Después, por cuestiones horarias abandoné. A los 38 años una persona a la que quiero de corazón, me dijo ‘el que fue judoca nunca deja de serlo. Se es judoca toda la vida’. No hizo falta mucho más que al otro día ya estaba averiguando y a las 48 horas me estaba comprando el judogui. Por él volví a ser feliz en un dojo. Hubo muchos abandonos en estos años. Una cirugía de rodilla por rotura de cruzados en abril de 2015. Una cirugía de miomectomía en enero de 2016, volviendo a los dos meses. En diciembre del 2016, me operaron de un cáncer de mama y volví a los dos meses de la cirugía.

¿Dónde aprendiste y qué profesores tuviste?

Aprendí primero en el club San Pio X, el sensei se llamaba Carlos. En Amigos de Villa Luro tuve varios sensei pero siempre recuerdo las clases de Yoriyuki Yamamoto. Ahora volví al dojo del Club Veléz Sasrfield con Leonardo Gallina y Antonio Cacho Gallina. Dos grandes. Y el mejor regreso que podría haber tenido.

Tuviste un serio problema médico y lo llevaste adelante entre otras cosas por el deporte

En diciembre de 2016 en una mamografía de control detectaron unas lesiones que no eran normales. Me realizaron la biopsia y a los 15 días tenía el diagnóstico de cáncer de mama (adenocarcinoma microinvasivo en mama derecha). Gracias a la prevención temprana solamente tuve cuadrantectomía sin vaciamiento axilar, ganglios negativos, ganglio centinela negativo y márgenes de seguridad negativos. Muy buenas noticias. Debo confesar que después de la cirugía lo primero que le pregunté al cirujano fue por el vaciamiento axilar ya que si me lo realizaban, el reposo era de varios meses más y quería volver enseguida. Apenas me dieron el alta volví al dojo. Las primeras tres quimios (ciclofosfamida) me daban náuseas y dolor abdominal. Pero como me las realizaba los viernes, para el martes que volvía al tatami estaba mucho mejor. Además eran cada 21 días. La segunda parte fueron 12 sesiones de paquitlaxel. Por tres meses. Acá, el peor efecto adverso eran las parestesias en las manos. Dolor y pinchazos en los dedos principalmente. Esos días que usaba pantalón en vez que calzas porque dolían los dedos y se rompían las uñas ante el roce. Digamos que este dolor en dedos no es compatible con agarrar un judogui. Pero prefiero el dolor de agarrar el judogui. Mis randoris duraban a veces 30 segundos y debía parar a descansar y volvía. Pero se terminaron todos. Y como mujer lo más difícil fue la caída del cabello. Estar pelada y después con peluca no es lindo para una mujer, lo mismo que verte sin cejas ni pestañas. Sos otro rostro, otra persona. Pero en el tatami la belleza pasa a segundo plano. La peluca estuvo varias veces a punto de volar y salirse, pero era el momento que menos me importaba. En las olimpíadas médicas competí también en natación y gané tres medallas: plata en la general, oro en categoría mujeres, salí tercera en todas las carreras mixtas y gané la carrera de postas. Y por primera vez en mi vida, me tiré en paracaídas. Volé en Brasil y esa sensación de libertad, de adrenalina y de locura, es única. El cáncer me hizo fuerte. Me hizo libre. Me hizo saber lo que quiero y lo que no. Me hizo priorizarme. Me hizo quererme. Me hizo crecer. Y eso me trajo felicidad. Y en el fondo agradezco estas pruebas para ser quien quiero ser y hacer lo que quiero hacer. Quiero agradecer a mi sensei y mis compañeros de judo por la paciencia, pero por sobre todo por nunca dejarme caer ni abandonar. Aunque eso nunca estuvo en mis planes. Una vez le dije a una judoca ‘me vas a ganar vos, no la quimio’. Nunca me ganó.

¿En qué te ayudó el judo para tu problema y vos qué encontraste en él ?

El judo me enseñó a levantarme después de cada caída. A soportar dolores que no sabía que existían. Que te das cuenta que no son tan fuertes y que se pueden tolerar. Y seguir. Me ayudó a dejar egos y preocupaciones afuera. El porqué a mi jamás existió en el tatami. La mejora fué física, mental, social y psicológica. Física porque estoy más fuerte, más entera y ahora con un umbral de dolor un poco más alto. O aprendí a no quejarme de dolores tontos. Mental y psicológica porque me hizo más fuerte como persona. A no abandonar. A no dejar lo que amo hacer. A hacerme mi tiempo para hacer lo que me hace feliz. Social porque conocí muchos judocas que me dieron ánimo para seguir. Y te das cuenta que es un deporte único. Respeto, honor. Vi esas palabras muchas veces. Tuve la oportunidad de trabajar en los Torneos Evita como médica de judo y viajar dos años a las olimpíadas médicas representando a mi colegio médico para competir en este deporte con colegas médicos y judocas. Y siempre tuve los mismos sentimientos.

Y gracias al judo pudiste viajar representando al país y ser la abanderada de la delegación.

En los juegos Evita conocí al Dr. Gustavo Matthesius, médico judoca. Tiempo después me convoca a llevar al judo a las olimpíadas médicas por primera vez y me encantó la idea. Viajamos el año pasado a la provincia de San Luis y este año viajamos a Foz do Iguazú a las olimpíadas médicas del Mercosur. Médicos judocas de todo el país llevando el deporte que amamos a una competencia nacional. Fui elegida abanderada nominada por el Dr. Matthesius y aprobada por el resto de los médicos judocas. Fue un día de competencias en manos del Dr. sensei y maestro Mario Klor. A la mañana con los niños y a la tarde con adultos. Y disfruté ambos momentos con todo. A la mañana enseñándoles a los chicos y a la tarde compitiendo. Pudimos hacer muchos randoris con chicos de Brasil y Paraguay. Perdí un par de combates pero el placer de luchar es único. ya que fui a competir a los 15 días de terminar la quimio, no estaba en mi mejor momento. Pero dejé lo mejor de mí. El año que viene si Dios quiere viajaremos a Salta.

¿Cuál fue tu sensación de estar allí sosteniendo la emblema patria?

La bandera argentina es, fue y será mi mayor tesoro. Amo mi bandera. Es más, tengo una bandera en casa. Como deportista, representar a tu país es el mayor orgullo, llevar tu bandera y representar a tu patria. Todos soñamos con ser abanderados en una ceremonia de apertura o clausura de un juego olímpico. O ver tu bandera en lo más alto escuchando tu himno. El año pasado fui escolta y fue un honor indescriptible. Este año como abanderada me sentí plena y feliz. Fue el mayor orgullo que pude alcanzar. Estar en otro país y ser la abanderada de mi país, con tu deporte y con tus colegas, no tiene precio. Felicidad total. No hay palabras que puedan describirlo.

Más allá de esa experiencia, ¿vas a seguir con el judo y con otros deportes?

Voy a seguir con el judo como me dijeron: ‘a vos sólo te sacan del deporte sólo en pedacitos’. Mi plan futuro es rendir para primer Kyu y después 1er. Dan. Me encanta, como docente, el trabajo con chicos, así que me encantaría trabajar con ellos. Le agradezco a mi sensei Leo Gallina que me deja ayudarlo en su clase de infantiles para empezar a hacerme docente en el tatami. Y después llevar el judo como médica a poblaciones especiales como médica y judoca, juntando mis dos pasiones. Ahora realizo muchas horas de guardia que no me hacen feliz. Quiero dedicarme a la deportología y la nutrición. Y aunque no tenga rédito económico, quiero transmitir los valores del judo en otras poblaciones.

¿Aconsejarías el judo y el deporte en general para gente que esté pasando por un mal trance?

Sí. Aconsejaría cualquier forma de deporte. Aconsejaría el movimiento de la forma que fuera. Es el mejor antidepresivo, el mejor ansiolítico y la mejor medicina. Te despeja la cabeza de los fantasmas de la enfermedad. Te hace sentir nuevo, renovado, pleno. Te hace generar endorfinas, adrenalina en vez de hormonas propias de la depresión. Aumenta las defensas, te cambia cuerpo y mente. Y si es judo, mucho mejor. Es entrar al tatami y olvidarte de todo. De superarte cada día. De luchar contra tus propios miedos y dolores. Es superar resentimientos y culpas. Es ser un ser entero y pleno. Es luchar y ganar.

Lo último no es pregunta, decí libremente lo que desees.

Agradecer, agradecer y agradecer. A mi vieja que se bancó todo y no siempre lo vi. Y muchas veces no la traté como debía pero es lo que podía hacer. A mi hermano que me bancó en todo. Y a mis sobris que me vinieron a visitar. Aunque estén lejos, los siento cerca. A mi viejo que ya no está, pero sé que me cuida y me guía y me da fuerzas. Sigo tus pasos, pa. Estarás orgulloso de mí. A vos, a vos que hace tres años me hiciste volver. A vos que siempre me incentivaste a seguir y a superarme, que te alegraste como nadie con mis logros. Gracias infinitas y totales. Esto también es tuyo. Gracias por estar siempre. Por la paciencia y por el aguante. Gracias por hacerme de nuevo judoca y por nuestras grandes luchas. Te quiero con el alma. A mi sensei, Leo Gallina por la paciencia, por incentivarme, por darme fuerza, por darme ánimo. Por saber que siempre podía un poco más. Y por hacerme llegar a ese más. Y a Cacho Gallina que me dio una mano enorme con las olimpíadas médicas y por estar siempre que lo necesité. Y con ellos al Club Vélez Sarsfield. A mis compañeros de dojo: Juli, Dieguito, Darío, Nico, Jorge y Benito que me bancaron siempre. A los médicos judocas. Gustavo Matthesius, Mario Klor, Daniel Sánchez, Jorge Aranda, Jorge Luna, Alejandro Laspiur, Beatriz Ibalo y Víctor Valiente que en las olimpíadas médicas me hicieron sentir que nada había pasado y me dieron la posibilidad de ser abanderada. A mis amigas de siempre que son lo mejor que me pudo pasar en la vida. Son únicas.

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