DISCRIMINANDO
NO SE CONSTRUYE SALUD
Dr. Miguel
Martínez García
Presidente Foro de Salud INADI Córdoba
Secretario General Asociación Médica de Córdoba
Convocado
el Consejo Federal de Políticas Públicas Antidiscriminatorias
por INADI Nacional a fines de Abril en Capital Federal, pretendió
tratar la “Discriminación en el Acceso a Servicios del Sistema
de Salud en Argentina”.
Intentó blanquear una discusión largamente relegada por
todas las provincias.
Cada uno de los representantes de las distintas regiones, plantearon con
crudeza la indefensión que en el marco sanitario golpea a los pobladores
de menores recurso en el casi siempre frustrado intento por acceder a
los sistemas de salud.
Pudo evidenciarse que en el ámbito público o privado, eran
tantos los obstáculos para dicho acceso, como la exigua fluidez
de ideas para revertirlo, por parte de los responsables en cada una de
esas áreas.
¿Y
LA LIEBRE?
Si
el gobierno se embarcase en un proyecto bélico, sin dudar lo planificaría
con las Fuerzas Armadas. Si la intención fuese urbanística,
haría lo propio con Arquitectos o Ingenie-ros. Pues bien, si algo
ha quedado claro hasta hoy (pandemia de por medio) es que los médi-cos
deberían opinar.
“Para hacer guiso de liebre se necesita liebre”, solía
balbucear sonriendo un controver-tido ex presidente movimientista cuando
quisieron sacarlo de escena. En ese aspecto, los mé-dicos han sido
los grandes ausentes, por no haberlos convocado, desconociendo y desprove-chando
su capacidad en un área que manejan con sobrada experiencia.
NO SÓLO RELEGADOS, TAMBIÉN PERSEGUIDOS
La
tarea que acompaña al ser humano en la enfermedad y la miseria
es inestimable y no podemos dejar de reconocerla como crítica y
hasta peligrosa. Sin embargo, para el Código Penal, un profesional
de la salud que practica un procedimiento terapéutico para sanar
a su paciente, tiene el mismo grado de responsabilidad que un sicario
contratado para eliminar a otro individuo. O el caso en que un irresponsable
alcoholizado subido a conducir su vehículo atropella a cualquier
ciudadano que deambula por la calle.
Según
el Código Civil, un médico puede ser sometido a juicio hasta
diez años después de haber ocurrido el hecho, cuando muchas
veces ya no quedan vestigios, recuerdos ni prue-bas que puedan respaldar
su defensa.
Aquel que demanda a un médico puede “litigar sin gastos”,
para que después de dos o tres años de proceso judicial
y de prensa vergonzante que lo denigra ante la opinión pública,
y que aún habiendo demostrado su inocencia, tiene que cargar con
las costas propias y las del denunciante, pagando abogados, peritos y
tasas de justicia.
El
médico está obligado a “invertir la carga de la prueba”,
como si fuese un violador o secuestrador, procurando demostrar su legítima
inocencia. ¿Acaso no gozan de los mismos derechos que el resto
de los ciudadanos, de ser inocentes hasta que se demuestre lo contra-rio?
Cabría preguntarse ¿cómo es posible que un Juez decida
sobre el proceder de un mé-dico, aconsejado por un perito que generalmente
ni siquiera está a la altura en experiencia del nivel académico
del profesional denunciado? La República de Méjico, por
ejemplo, somete estas demandas a un Comité de Expertos en la materia
y si el estamento científico lo amerita, es derivado al Juez para
el procesamiento.
DESPUÉS DEL 28 DE JUNIO
Todos
esperamos que las elecciones legislativas nos devuelvan un mejor país,
con más vocación de diálogo y responsabilidad. Mientras
tanto los médicos siguen expuestos en la trinchera de una Pandemia
sin ser reconocidos en su “actividad crítica”.
Siguen
comprometidos en ser cada vez mejores médicos aunque les den pocas
posibi-lidades para perfeccionarse.
Hoy, muchos de ellos optan por ejercer una nueva modalidad de “Medicina
defensiva o de la evidencia”, prescribiendo estudios caros y muchas
veces innecesarios para defenderse de posibles embates legales.
Ante
esta embestida lacerante de la Industria del Juicio a la Mala Praxis,
el médico no peticiona privilegios, no pretende la impunidad, sólo
la igualdad ante la ley e igualdad de opor-tunidades respetando sus derechos.
Los
debates televisivos que enfrentaron candidatos a Diputados, y luego a
Senadores, tuvieron dos puntos comunes: la mediocridad en el nivel de
discusión y la falta de planteos sobre políticas de Salud.
¿Los
responsabilizamos a los asesores o debemos entender que algunos no están
a la altura de las circunstancias?
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